domingo 18 de marzo de 2012

Letras

Hay cosas que uno nunca quiere ver.

miércoles 22 de febrero de 2012

Jouer


A veces me gustaría aprender de otra manera. 
Sólo sé que pienso en nosotros. Y quedo yo.


viernes 17 de febrero de 2012


"Siempre me siento feliz, ¿sabes por qué? Porque no espero nada de nadie, esperar siempre duele. Los problemas no son eternos, siempre tienen solución. Lo único que no se resuelve es la muerte. La vida es corta, por eso ámala. Sé feliz intensamente. Antes de hablar escucha. Antes de escribir piensa. Antes de herir, siente. Antes de rendirte, intenta. Antes de morir, ¡Vive!"

William Shakespeare

jueves 16 de febrero de 2012

Cuando amanece

Hay una escena en la película Bon Appétite que nunca me cansaré de ver. Él y ella cenan juntos, hay risas, complicidad... se despiden. Ella se queda en casa y él se marcha a la suya. Nada más separarse se llaman y hablan el resto de la noche. Ella se tumba en la cama y él recorre la ciudad sin rumbo. Cuando está amaneciendo llega a un mirador. Zúrich aún duerme bajo la nieve. Se queda mirando y ella le pregunta. Sólo sale vaho de la boca. Está en silencio porque la imagen es tan perfecta que hablar la estropearía...

Todo cambia y todo vuelve. Y esos momentos que no son ni día ni noche, ni oscuridad ni luz, son dulces, intensos, a veces determinantes. Pocas veces encontrarás ese silencio. Pocas vences tendrás esa oportunidad de apartar el ruido que todo lo ocupa y podrás pensar o dejar de hacerlo por un momento sin sentir nada más que paz. Cuando es tan temprano que, aun en verano, el frío se te mete hasta las entrañas y la luz es azulada y muy muy clara. Pocas veces podrás ver la ciudad quieta como si el extraño fueras tú delante de una obra a punto de empezar.

Tengo buenos recuerdos a lo largo de los años de amaneceres imborrables. De risas congeladas cuando comienza el intermedio de noches. Recuerdos de zapatos en la mano, de vueltas a casa despeinada, de conversaciones cortadas por la luz. Amaneceres de chaquetas hasta arriba, persianas bajadas, de mensajes de buenos días.  

La noche engaña, embelesa y demoniza. Es terca y sutil. Es drama y pasión. Ceguera, amor, confusión. Y tiene fin. Y vuelve como lo hace el día. Es en ese momento en el que nada está definido, cuando todo es más claro. Esos pocos minutos de calma, de reflexión, de luz azul.



lunes 17 de octubre de 2011

"¡Vamos a hacer magia!"

En un mundo con capacidad para alimentar al doble de su población, 3.5 millones de niños siguen muriendo por desnutrición aguda cada año. Parece lógico lo que hacen estos niños. ¿Por qué no lo hacemos los adultos?


Experimento Comparte. Acción contra el Hambre.

miércoles 28 de septiembre de 2011

Síndrome compartido



No sé si tiene un nombre o si está estudiado. De hecho, pensaba que sólo a mí (y a alguna otra persona con tendencia a lo dramático) le pasaba. Pero en los últimos meses, semanas, he comprobado que todos tenemos esa sensación llegado el momento.

No sé que tiene este año, que todo el mundo va y viene. Hay cambios importantes en nuestras vidas, hacemos y deshacemos, empezamos etapas, acabamos otras. Este año mucha gente que quiero está fuera. Y se acaban de ir. Con ilusión, pero con vértigo, con algo de esa tristeza que siempre hay cuando uno se aleja de lo suyo más íntimo y se dirige, por voluntad propia, a lo desconocido que espera lejos. 

Es ese momento la noche antes, la mañana previa, cuando ves tu cuarto vacío y reconoces tu vida en cuatro maletas. Cuando llamas para despedirte, recoges unas cuantas fotos, te aprendes una nueva dirección y te haces la valiente. Ese momento podría ser el síndrome pre-viaje, que estará ahí siempre que tengamos un sitio al que volver cuando decidamos que nos hemos cansado de la aventura. Que tenemos una vida que dejamos en impass y el autoconvencimiento de que estará igual al volver.

Ese malestar, los nervios en el estómago y el recurrente: "Quién me mandaría a mí..." son normales, también cuando el viaje es eso y no un traslado. Aunque el destino sea perfecto, aunque lo lleves esperando mucho tiempo.

Hace tiempo, en alguna de esas "noches de antes" aprendí que en ese momento lo mejor es dejarse llevar, meter el pasaporte en el bolso y marchar al aeropuerto. Hay demasiados sitios que ver, gente por conocer. El síndrome no es más que una señal de que la experiencia valdrá la pena siempre.

lunes 18 de julio de 2011

Time for a change.

Time for a change. A big one.